Conde, Carmen

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Mientras alguien nos recuerda

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Una vertiginosa novela negra situada en la Barcelona más convulsa de mediados del siglo XX.Barcelona, 1946Tras recibir una llamada en la comisaría de Vía Layetana, el inspector Aparicio y el agente Muñoz, dos policías de la brigada criminal, van al Instituto Mental de la Santa Cruz a investigar el asesinato de la hermana Natividad. Ha aparecido muerta en la sala de autopsias con un punzón clavado en el ojo. Allí los atiende el director del centro, Ezequiel Ródenas, aunque les avisa que el máximo responsable del centro, el hermano Olegario, no quiere que se investigue el crimen y les pondrá todos los impedimentos posibles.Mientras están examinando a la muerta, entra en la sala una monja muy nerviosa y les informa de que María, una novicia de diecinueve años, ha aparecido asesinada en su celda, también con un punzón clavado en el ojo. Cuando los dos policías se dirigen hacia allí, alguien provoca un incendio. Al descubrir el cadáver calcinado, Aparicio comprueba que no corresponde al de una muchacha tan joven, sino a una mujer madura.Los policías consiguen aclarar la identidad de la segunda fallecida. Es la hermana Milagros, mano derecha de la hermana Natividad. A la par, descubren que una paciente de nombre Rosalía Salgado aprovechó el día de los asesinatos para huir del manicomio en compañía de Ezequiel Ródenas, el director del centro, que también ha desaparecido.Conforme avanzan en la investigación, Aparicio y Muñoz comprueban que las dos hermanas eran retorcidas y crueles y que todo el mundo las odiaba.Aparicio también descubre que María, la novicia, es hija natural del hermano Olegario. Es muy posible que las hermanas asesinadas descubriesen ese secreto y lo utilizasen para someterla a terribles humillaciones.Los policías comprueban que Rosalía Salgado y Ezequiel Ródenas han huido juntos del manicomio. Ella es la ex amante de un alto cargo de Falange, Jaime Bertrán de Andrade, del que se quedó embarazada. Él la encerró en el centro y, al dar a luz, le robó el bebé.El hermano Olegario se suicida y deja un informe para Aparicio en el que le indica que María, su hija natural, no está en el manicomio por su vocación religiosa, sino que él se comprometió a ingresarla como paciente ya que asesinó a su madre y a su padrastro. Es evidente que cree que su hija es la asesina y no soporta vivir con ese cargo de conciencia. María, a su vez, piensa que el hermano Olegario es el asesino y que mató a las hermanas para protegerla.En realidad, no lo son ninguno de los dos.

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