En este primer centenario de tu luminoso nacimiento, lejos ya de aquel final tan vil, inmerecido; mientras envejecemos arropados por tu cálido recuerdo nos vamos dando cuenta de que no conociste ninguna forma de senectud. Siempre fuiste joven, lo decrépito nunca te abatió. Ciertamente el mundo debió hacerte demasiado daño pero no consiguió matarte del todo. Mucho antes de morirte saltaste, desde las sombras –en blanco y negro o en tecnicolor–, a esa luz resplandeciente, esplendorosa, en la que ni siquiera todos los dioses consiguen mantenerse. Adornada de un fulgor divino, que nunca morirá, sobrevives a todo, eterna, incomparable, instalada, desde hace mucho, en la más exquisita permanencia, con la que tantos seguimos soñando aunque también la podamos sentir, inexistente.
9791388302268 | 979-13-88302-26-8




